Socialismo o Barbarie de Honduras

La Izquierda Patriarcal

Marx, Engels y LeninEl capitalismo está en un callejón sin salida. La crisis mundial golpea con mayor dureza a las mujeres y a la juventud.

Las mujeres, explotadas en las fábricas y empresas, continúan trabajando –sin salario– en su hogar. Oprimidas, agredidas y –cada vez más en el capitalismo bárbaro en el que vivimos– víctimas de femicidio.

En muchos casos, las mujeres llegan a ser más revolucionarias que los hombres, porque a menudo están más oprimidas que éstos; están frescas y libres de la rutina conservadora que caracteriza la vida gremial “normal”. En la lucha contra el Golpe de Estado en Honduras o en las luchas contra las dictaduras árabes hemos podido ver la tremenda determinación, coraje y empuje de las mujeres.

Esta realidad hace que la mujer reclame cada vez más un lugar en las luchas, en las organizaciones, en la toma de decisiones. Se organiza en grupos feministas o en comités femeninos. Levanta sus exigencias y defiende sus derechos, enfrentando el patriarcado y al capitalismo.

No siempre es tomada en cuenta —incluso por las organizaciones de izquierda— y hemos visto cómo tienen que pelear para que sus reivindicaciones sean tomadas en las luchas nacionales o los programas de las diversas organizaciones, donde sin embargo predomina ­—en muchos casos— una visión patriarcal e incluso abiertamente machista. Expresiones como “el soberano es hombre” escuchadas en el FRENTE NACIONAL DE RESISTENCIA POPULAR, la negativa a levantar las demandas de las mujeres bajo el falso argumento que “dividen” la lucha; o la sordera, indiferencia e incluso el desprecio con que se da la espalda cuando una compañera defiende sus puntos de vista, son una muestra cotidiana del PATRIARCADO DE IZQUIERDA.

En definitiva, el problema del PATRIARCADO es visto como “EL PROBLEMA DE LA MUJER” y no como un problema de una sociedad dividida en clases sociales en la que el capitalismo descarga toda su explotación sobre los sectores más vulnerables y que por tanto, es responsabilidad de HOMBRES y mujeres luchar por la liberación de la mujer de las ataduras patriarcales incorporando sus demandas a la lucha general contra el sistema capitalista.

El presente trabajo trata de contribuir —desde la izquierda marxista­— a tomar conciencia de esta realidad. Mostrando cómo a lo largo de la lucha de clases y en las propias organizaciones de izquierda la mujer luchadora ha debido enfrentar la incomprensión y el abierto machismo de muchos revolucionarios.

El machismo en las primeras internacionales obreras

Los progresos sociales y los cambios de períodos se operan en razón directa del progreso de las mujeres hacia la libertad y las decadencias de orden social se operan en razón del decrecimiento de la libertad de las mujeres…Carlos Marx, La sagrada familia.

En el siglo XIX la explotación y opresión de la mujer eran brutales. No gozaban de ningún derecho. Tanto Carlos Marx como Federico Engels[1], tomaron muy en cuenta esta situación y la plasmaron en sus escritos dando una batalla contra quienes —desde la izquierda— también negaban los derechos de la mujer.

La PRIMERA INTERNACIONAL (Asociación Internacional De Trabajadores) fundada en 1864, fue la primera organización que trató de unir a los trabajadores de diferentes países, agrupó a sindicalistas ingleses, anarquistas y socialistas franceses e italianos republicanos. Destacaron los socialistas científicos encabezados por Marx y Engels y los anarquistas seguidores de Bakunin y Proudhon. En el “asunto de la mujer” tuvieron marcadas diferencias.

La ideología de que el “lugar de la mujer es el hogar” tuvo como uno de sus mayores impulsores al pensador francés Proudhon, cuyas ideas repercutieron en los sindicatos y también entre los dirigentes de la I Internacional. Defendía ardorosamente ideas muy semejantes a las de los padres de la Iglesia, los teólogos que construyeron la teología del catolicismo en la Edad Media. Respetado en los medios políticos, inclusive de izquierda, e intelectuales y obreros de toda Europa, Proudhon defendía que la función de la mujer era la procreación y las tareas domésticas; aquella que trabajaba (fuera de la casa) estaba robando el trabajo del hombre. Llegó a proponer que el marido tuviese derecho de vida o muerte sobre su mujer, por desobediencia o mal carácter, y demostraba, mediante una relación aritmética, la inferioridad del cerebro femenino sobre el masculino.

En Alemania el movimiento socialista estaba dividido entre los seguidores de Lasalle y los marxistas Liebknecht y Bebel. Los lasalleanos se oponían a exigir la igualdad de derechos para la mujer como parte del programa del partido. Opinaban que las mujeres eran criaturas inferiores, cuyo lugar predestinado era el hogar, y la victoria del socialismo, asegurando al marido un salario adecuado para abastecer a toda la familia, las haría regresar a su hábitat natural, ya que no tendrían que trabajar por un salario. Los primeros programas de los socialdemócratas alemanes exigían apenas “plenos derechos políticos para los adultos”, dejando ambigua la cuestión de si la mujer era considerada adulta o no.

El preconcepto contra las mujeres envenenó a tal ponto al movimiento obrero que, en 1867, los dirigentes de la INTERNACIONAL SOCIALISTA fueron capaces de hacer la siguiente declaración solemne: “En nombre de la libertad de conciencia, en nombre de la iniciativa individual, en nombre de la libertad de las madres, debemos arrancar de la fábrica que la desmoraliza y la mata, a esa mujer que soñamos libre... La mujer tiene por objetivo esencial el de ser madre de familia, ella debe permanecer en el hogar, el trabajo debe serle prohibido”.

Y en 1875, en el Congreso de Gotha, los socialistas alemanes, sensibles a las ideas de Proudhon, se oponen al grupo marxista dirigido por Bebel, que quería inscribir en el programa del partido la igualdad del hombre y de la mujer. El Congreso derrotó a Bebel afirmando que “las mujeres no están preparadas para ejercer sus derechos”.

En 1883 Bebel publicó el libro LA MUJER Y EL SOCIALISMO y en 1884 salió EL ORIGEN DE LA FAMILIA, DE LA PROPIEDAD PRIVADA Y DEL ESTADO de Engels. En ellos se explica, a partir de los descubrimientos científicos de la época, el origen material e histórico de la opresión de la mujer y plantearon la necesidad de la integración de la mujer en la producción industrial y la necesidad de la revolución socialista para abrir el camino para la liberación de la mujer. Demuestran que la causa de la opresión de la mujer es fundamentalmente económica y no histórica y, por lo tanto, para acabar con ella es preciso transformar la sociedad.

La SEGUNDA INTERNACIONAL (Internacional Socialista) llevó sus concepciones a millones de trabajadores. En la era reformista fue la que más concesiones arrancó, como vacaciones, aumentos salariales, legislación social y laboral y otras. Con relación a la cuestión de la mujer, la lucha por derechos democráticos (igualdad política, derecho de afiliación a los partidos y derecho de voto) estuvo dividida entre los reformistas, que defendían el derecho de voto sólo para los hombres (ellos creían que las mujeres votarían en los partidos católicos reaccionarios) y los marxistas, defensores del voto universal. La dirigente política feminista marxista más importante de la II Internacional, y también de la III, fue Clara Zetkin, miembro del Partido Socialdemócrata alemán. En el Congreso de Stuttgart, em 1907, ella defendió la posición de los marxistas, que salió vencedora. La II lanzó una campaña internacional por el sufragio femenino, con movilizaciones de masas en diversos países.

La mujer y la primer revolución obrera

Es lamentable la suerte del trabajador, la situación de la mujer es incluso peor. En la fábrica, en el taller, ella trabaja para un empresario capitalista, en casa lo hace para la familia.

Sobre esta realidad en 1917 en Rusia, por primera vez en la historia, los trabajadores toman el poder dirigidos por el Partido Bolchevique iniciando un período de enormes conquistas para todo el pueblo ruso, en particular para las mujeres.

En el Programa del Partido Comunista dirigido por Lenin de 1919 plantearon: “sin limitarse sólo a la igualdad formal de las mujeres, el partido tiene que liberarlas de las cargas materiales del obsoleto trabajo familiar y sustituirlo por casas comunales, comedores públicos, lavanderías, guarderías, etc.

Esta tarea tenía dos aspectos fundamentales:

1) la abolición de las viejas leyes que colocaban a la mujer en situación de desigualdad con relación al hombre y,

2) la liberación de la mujer de las tareas domésticas, que exigía una economía colectiva en la cual ella participase en igualdad de condiciones con el hombre.

Con relación al primer aspecto, desde los primeros meses de su existencia, el Estado Obrero concretó la mudanza más radical en la legislación referente a la mujer. Todas las leyes que colocaban a la mujer en una situación de desigualdad con relación al hombre fueron abolidas. Entre ellas, las referentes al divorcio, a los hijos naturales y la pensión alimenticia. Fueron abolidos también todos los privilegios ligados a la propiedad que se mantenían en provecho del hombre en el derecho familiar. De esta forma, la Rusia Soviética, sólo en los primeros meses de su existencia, hizo más por la emancipación de la mujer que el más avanzado de los países capitalistas en todos los tempos.

La revolución bolchevique sentó las bases para la emancipación social de las mujeres. Las mujeres ya no tenían la obligación de vivir con sus maridos o acompañarles si se cambiaban de trabajo. Tenían los mismos derechos para ser cabeza de familia y disfrutaban de igualdad salarial. Se prestaba mucha atención a la maternidad y se aprobaron leyes que prohibían a las mujeres embarazadas trabajar largas jornadas y también estaba prohibido el trabajo nocturno, existía la baja maternal con salario y las familias disponían de guarderías. El aborto se legalizó en 1920, el divorcio se simplificó y bastaba con inscribir el matrimonio en el registro civil. El concepto de hijo ilegítimo también fue eliminado. En palabras de Lenin: “En el sentido liberal, no hemos dejado un solo ladrillo de las despreciables leyes que colocaban a la mujer en una situación de inferioridad comparada con los hombres…

Para el segundo aspecto se trató de convertir el trabajo doméstico en trabajo social, en palabras de Trotsky: “los lavanderos públicos tendrían que ocuparse del lavado, los restaurantes públicos de la comida, las tiendas estatales de la costura. Los niños deberían ser educados por buenos maestros con verdadera vocación para esta tarea. Entonces las relaciones entre las parejas se liberarían de todo lo externo y accidental, y dejarían de absorberse la vida mutuamente. Entonces se establecería una verdadera igualdad. Las relaciones estarían condicionadas sólo por el amor.

Los bolcheviques también abolieron las leyes contra los actos homosexuales y todas las formas de actividad sexual consensual. El director del Instituto de Higiene Social de Moscú, Grigorii Batkis, explicó la posición bolchevique en un folleto de 1923 titulado La revolución sexual en Rusia:

La legislación soviética se basa en el siguiente principio: declara la absoluta no interferencia del estado y la sociedad en asuntos sexuales, en tanto que nadie sea lastimado y nadie se inmiscuya con los intereses de alguien más.

El regreso a la opresión de la mano de Stalin

Con Stalin, la burocracia impuso a la revolución un régimen de opresión cada vez más destructivo, en todas las esferas, que resultó en un retroceso enorme de todas las conquistas hechas por la mujer en la Revolución de Octubre. La familia fue recolocada en su pedestal, el aborto volvió a ser ilegal, el divorcio se volvió cada vez más difícil, la prostitución y la homosexualidad volvieron a ser considerados crímenes. Se arrestaba a las prostitutas, a diferencia de la política bolchevique que arrestaba a los propietarios de los burdeles, intentaba desenmascarar a los hombres que utilizaban a las prostitutas y promovía la formación laboral voluntaria de las prostitutas. Durante el estalinismo también se redujeron los horarios de las guarderías para que coincidieran con las horas de la jornada laboral. A las niñas se les enseñaba en las escuelas materias especiales y las preparaban para su papel de madres y esposas.

Evaluando el curso de la política stalinista, León Trotsky escribió en 1938:

La posición de la mujer es el indicativo más claro y elocuente para evaluar un régimen social y la política del Estado. La Revolución de Octubre inscribió en su bandera la emancipación de la mujer y creó la legislación más progresiva de la historia sobre el casamiento y la familia. Esto no quiere decir, claro, que sólo eso bastase para que la mujer soviética tuviera, inmediatamente, una ‘vida feliz’. La genuina emancipación de las mujeres es inconcebible sin un adelanto general de la economía y la cultura, sin la destrucción de la unidad familiar económica pequeñoburguesa, sin la introducción de la preparación socializada de los alimentos y la educación. Mientras tanto, guiada por su instinto conservador, la burocracia se ha alarmado ante la ‘desintegración de la familia’. Comenzó cantando panegíricos a la cena y la lavanderías familiares, es decir a la esclavitud doméstica de la mujer. Para rematar, la burocracia ha restaurado el castigo criminal por los abortos, regresando oficialmente a las mujeres al estado de animales de carga. En completa contradicción con el abecé del comunismo, la casta gobernante ha restaurado así el núcleo más reaccionario e ignorante del régimen de clase, es decir, la familia pequeñoburguesa”.

Por un feminismo socialista

Como podemos ver en este rápido recuento, la lucha por los derechos políticos, económicos, sociales y culturales de la mujer ha estado ligada a la lucha general contra la explotación y opresión capitalista, pero al mismo tiempo ha sido una dura lucha al interior de las propias organizaciones de izquierda desde el siglo XIX.

En la Honduras en crisis del siglo XXI, y en el marco de la llamada RESISTENCIA, el posicionamiento sobre la mujer también marca la lucha entre el REFORMISMO y la REVOLUCIÓN – REFUNDACION. No es casual que en este debate muchas veces las compañeras sean discriminadas y relegadas sus demandas a un segundo plano. Bajo el falso argumento que sus demandas NO SON POLÍTICAS o QUE DIVIDEN, se esconde la capitulación a la conciencia atrasada que es aprovechada por el patriarcado, para mantener y eternizar la opresión de la mujer.

Desde Socialismo o Barbarie hacemos nuestra la afirmación de Rosa Luxemburgo: “El socialista que no es feminista carece de profundidad. El feminista que no es socialista carece de estrategia”.

Nota:

[1] Véanse los textos “Manifiesto Comunista”, “El Capital”, “La situación de la clase obrera en Inglaterra”, “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”, “La Sagrada familia” y otros.

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