Tinta Roja 6

Centenario del nacimiento de Ramón Amaya Amador

Ramón Amaya Amador, Arminda, Aixa y CarlosEn la vida de cada persona, por muy insignificante que ella aparezca en la sociedad, algo positivo debe tener. Hay que buscar eso positivo, e, incluso lo negativo puede servir para la crítica y la educaciónRamón Amaya Amador

Ese es fue el pensamiento que convirtió a Ramón Amaya Amador en el CRONISTA IDENTIFICADO CON LOS SUFRIMIENTOS Y ESPERANZAS DE SU PUEBLO.

La base de la escritura de Amaya Amador – su profunda fe en su pueblo, su dignidad y su potencial – sobrevive las batallas intelectuales e ideológicas. Sus textos mantienen su inmensa importancia porque contienen algo esencial para los hondureños de hoy. Amaya Amador se lee sobre todo por lo que Oscar Acosta llama “literatura de compañero”:[1] Los textos de Amaya Amador tratan materia popular que es “devuelta al pueblo por la literatura, y así el pueblo se auto descubre”.[2] Y eso es lo que hace de Amaya Amador un escritor verdaderamente nacional: él logró captar en sus personajes las penas y alegrías, esperanzas y miedos de su pueblo, y presentarlos de tal manera que los hizo protagonistas. Sus textos siguen siendo una contribución importante a la autopercepción hondureña en un tiempo de continuada dominación (extranjera y económica).” Julia Elisabeth Diemer, Facultad de Filosofía y Letras, Cambridge University, 23 Enero 2001

El exilio

En el año 1946, a la edad de 30 años debió salir al exilio a Guatemala, ante las amenazas que sobre su vida existían. Fue el punto culminante de un período de oscuro sectarismo y represión que le impidió cursar estudios de secundaria por no apoyar al régimen y que incluso lo llevó a recibir latigazos en el Parque Central de La Ceiba, por sus denuncias publicadas en el semanario ALERTA y en el periódico EL ATLANTICO de La Ceiba.

Su actividad periodística y su rebeldía lo convirtieron en enemigo irreconciliable de las compañías bananeras y la dictadura cariista. Buscando una alternativa a los problemas del país que eran los mismos de Centroamérica y el Caribe participa en la llamada LEGIÓN DEL CARIBEque se propone acabar con las dictaduras de la región, dirigida por el costarricense José Pepe Figueres, Rómulo Betancourt, Víctor Haya de la Torre.

Refiriéndose al folleto El Indio Sánchez, publicado en 1948, escribió en su cuaderno de apuntes en 1963: “Este es un trabajo biográfico publicado en folleto en San José de Costa Rica cuando yo era únicamente un gran rebelde individualista y no había entrado ni siquiera al PDRH. Solo el hecho de su publicación demuestra mi falta de orientación política ideológica. Con toda mi buena voluntad y mi participación en las filas opositoras a la dictadura cachureca carecía de claridad en mis propias ideas. Ese trabajo está de acuerdo a mi pensamiento de la época. Puede servir para medir mi gradual trayectoria política e ideológica.

En 1950 publica Prisión Verde en México y en 1953 Amanecer en Guatemala, al mismo tiempo que avanza en su proceso de convertirse en un marxista. Allí lo encuentra la Gran Huelga Bananera de 1954.

Arminda Regina Funes

En los mismos años de exilio de Ramón Amaya Amador en Guatemala, salía de Villa Viso –a más de 9 mil kilómetros de distancia–, en el Departamento de Pocho, en las montañas de Córdoba, Argentina, a la edad de 21 años Regina Arminda Funes, nacida el 7 de septiembre de 1924, para trasladarse a la ciudad de Córdoba. Atrás quedaba el hogar patriarcal y las privaciones propias de la vida del campo; en la Docta –segunda ciudad de Argentina, importante centro industrial, político y cultural– tuvo la oportunidad de continuar sus estudios y trabajar.

Como enfermera laboró en la Clínica de salud mental fundada por el Dr. Gregorio Bermann, uno de los impulsores de la Reforma Universitaria, nacida precisamente en Córdoba en 1919.

Prestigiado psiquiatra argentino, en el año 1955, da refugio en su Clínica a uno de los exilados políticos llegados de Guatemala, un hondureño que tras el golpe de estado que derrocó al presidente Jacobo Arbenz en Guatemala, en julio de 1954, recibió asilo político en Argentina gobernada por el General Juan Domingo Perón. Que un año después, en septiembre de 1955, fue derrotado mediante un golpe de estado, impulsado por el imperialismo norteamericano.

Los refugiados políticos, debían someterse a un régimen policíaco estando bajo vigilancia las 24 horas del día. Ramón Amaya Amador, que residía en Buenos Aires, encontró en el Dr. Bermann la oportunidad de eludir dicha vigilancia viajando a la ciudad de Córdoba a su clínica.

Los reiterados intentos de Amaya Amador por publicar sus novelas fracasan uno tras otro llegando a extraviar cerca de 10 novelas en los allanamientos que el gobierno hacía de las imprentas para perseguir opositores. Sólo Prisión Verde logra publicarse.

En ese contexto, a partir del año 1955 Ramón y Arminda inician un noviazgo que concluye en boda el 19 de enero de 1957, a la que asistieron familiares y compañeros de trabajo. Amaya Amador escribirá al viajar a Praga:

Recuerdo siempre que el Dr. Gregorio Bermann, cuando le informe sobre nuestro casamiento, me dijo: “Arminda es una buena muchacha y como todas las cordobesas, es seguidora: irá con usted a donde sea.

Y así fue. Sin dudarlo, Arminda, dejó atrás su familia, su trabajo y su país para viajar a Honduras en mayo de 1957. Se instalan en la calle La Fuente, en Tegucigalpa, donde se suman a la familia Aixa Ixchel y Carlos Raúl.

El corto retorno a Honduras

Tras 12 años de exilio Amaya Amador regresa a honduras en 1957 con su esposa. Trabaja en El Cronista y publica los libros Constructoresy Los Brujos de Ilamatepeque. Recibe el único homenaje en vida por parte de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Milita en el Partido Comunista de Honduras y en 1959 recibe la propuesta de viajar a Praga, República de Checoslovaquia, representando al PC en la Revista Internacional Problemas de la Paz y el Socialismo.

Praga y su amor por Honduras

Cuando no ha terminado de adaptarse al clima y costumbres hondureñas, el 20 de abril de 1959 se encuentra empacando para iniciar un nuevo viaje. Esta vez al otro lado del Atlántico: a Praga, Checoslovaquia. Donde llegan el 26 de abril tras hacer escala en San Salvador, Guatemala, México, Nueva York, París y Zurich.

La noche del 19 de abril de 1959, después de recibir los abrazos de despedida de sus amigos, escribió en su diario: “Esta es nuestra última noche en Tegucigalpa. ¿Hasta cuándo retornaremos a ella y en qué condiciones? Ni siquiera lo podría predecir porque el futuro es un enigma … Nos vamos hoy para regresar cuando la vida lo disponga, posiblemente dentro de dos o tres años, cuando Aixa tenga cuatro y Carlitos tres.

Y refiriéndose a su esposa escribe:

“¡Qué curiosa es la vida de las personas! Uno sabe dónde nace pero no dónde va a morir… ¿Cómopodía imaginarme yo cuando salí para Argentina de Guatemala, que allá encontraría esta mujer que se llama Arminda Regina para desposarla? ¿Cómo podía ella imaginarse siquiera que un día llegaría un desconocido de muy lejos para entrar en su corazón y en su vida, trastornar su normal desarrollo de trabajo de enfermera, tomar un avión y venir, también lejos, a tener dos hijos y, un día inesperado, con ellos a cuestas dejar Tegucigalpa y salir hacia el mundo, para ella desconocido, del socialismo? ¡Esto es la vida, este es el misterio del futuro de dos seres como nosotros!”

Tras una semana de viaje finalmente llegamos a Praga, el nuevo hogar está en el barrio Zizkov, en la calle Koñevova, en un país con “un idioma bastante endiablado”.

Estando en Praga publica sus novelas en varios idiomas y en México la edición de Destacamento Rojo, confiscada por la policía política de Villeda Morales y quemada en el aeropuerto de Toncontín. Es su período más prolífico llegando a escribir 20 novelas incluidas Morazaneida de 5 tomos.

A diferencia de muchos comunistas latinoamericanos y sobre todo españoles, Ramón Amaya Amador decidió vivir en Praga con su familia junto al pueblo checoslovaco. Rechazó vivir en el barrio de los latinos y vivimos en un apartamento en un típico barrio popular, debiendo aprender el “idioma endiablado” para poder comunicarnos y convivir con los vecinos.

Al mismo tiempo, rechazó la oferta de enviar a sus hijos a las escuelas de los dirigentes comunistas extranjeros y nos envió a la escuela pública del barrio.

Pocos meses antes de su muerte escribió dos cartas a sus amigos Álvaro Canales y Pompeyo del Valle:

Mi salud es mala. Por eso estoy precipitando todos mis quehaceres, mis proyectos. Sé que ahora mi carrera es contra el tiempo. Esa carrera siempre la perdemos los humanos… Lo triste es que para hacer todo lo que quiero sería necesario estar en nuestra tierra. He allí mi tragedia de intelectual. Es algo, realmente, contradictorio. De todas maneras, sigo de pie, firme, sin darle concesión a la propia inexorabilidad del tiempo.” (Carta a Álvaro Canales, 9 de septiembre de 1966)

Yo, ya no me lamento de no saber nada de mi tierra. Algunos se preocupan “tesoneramente” para desarraigarme, para anular en mí aquello que pudo ser la principal tarea de mi vida. Yo no culpo a nadie. La historia lo dirá. Ahora que tengo 50 años quisiera tener 20 para comenzar. Es tarde, hermano! Tarde para recuperar 18 años fuera de la patria. (Carta a Pompeyo del Valle, 9 de septiembre de 1966)

Fallecido en 1966, hace 49 años sus cenizas descansan en Olanchito, y las de su esposa, fallecida el 26 de febrero del 2008, descansan en la Patagonia argentina. Su pensamiento –vivo en sus obras y en cada una de las luchas de nuestro pueblo– continúa librando duras batallas y abriendo camino a sus novelas todavía inéditas, haciendo realidad su promesa del 19 de abril de 1959:

Volveré, volveremos los que hoy marchamos, más conscientes y firmes, más preparados para continuar la lucha por la liberación definitiva de este pueblo que es el mío y que jamás, ¡JAMÁS! podré cambiar por ningún otro.



[1]  Oscar Acosta, entrevista, Tegucigalpa, 23 mayo 2000.

[2]  Longino Becerra, entrevista, Tegucigalpa, 8 junio 2000.