X Aniversario CNRP

26 de agosto del 2003 - CNRP

cnrp_04.jpg por Carlos Amaya, Socialismo o Barbarie, 26 de agosto del 2013

El 26 de agosto del 2003 surge una nueva organización popular de carácter nacional en Honduras. Pero a diferencia de anteriores experiencias unitarias, la Coordinadora Nacional de Resistencia Popular, CNRP, nace encabezando la mayor movilización de protesta popular desde la histórica huelga obrera de 1954. Miles de manifestantes de todos los puntos cardinales bloquean Tegucigalpa durante más de 6 horas aislándola del resto del país y desenmascarando y asestando un duro golpe a la política de Diálogo Nacional que los gobiernos burgueses venían implementando en el marco de la conciliación de clases desde 1991. La consigna “¡Maduro, renunciá!” retumbó en la capital.

La llamada “Marcha de la Dignidad” acordada a principios del mismo mes levantaba las siguientes exigencias:

1.       La exigencia del veto presidencial a la recientemente aprobada Ley de Agua y Saneamiento, cuyo contenido central es la apertura a la privatización mediante el concesionamiento, reivindicación sentida por las organizaciones regionales del norte y litoral atlántico;

2.       Contra el intento de someter a discusión en el Congreso las reformas a la Ley de Servicio Civil que derogan las cláusulas salariales del sector público ya sea que estén reguladas por Estatutos o por Contratos Colectivos, además de limitar el derecho de organización y huelga, reivindicación levantada por el magisterio y los empleados públicos;

3.       Contra la ley de Titulación de Predios que con la cobertura de entregar títulos de propiedad para los pobladores urbanos legaliza las grandes concentraciones de tierras rurales (a cien mil pobladores se les titula el 5% del total de tierras a titular quedando el resto en manos de los terratenientes), reivindicación de algunos patronatos y grupos campesinos;

4.       Contra la ley de “Creación de Empleo” que permite a la empresa privada contratar personal por 36 meses contrario al Código de Trabajo que establece un techo máximo para la duración de los contratos de 2 meses con el objetivo de defender el empleo permanente, planteamiento defendido por los sindicatos.

La movilización en la que participaron miles de manifestantes, fue acordada en una asamblea representativa nacional y preparada en las bases, marcando a fuego las principales características de la CNRP: la DEMOCRACIA y la LUCHA. (Para más detalles sobre la jornada recomendamos los artículos: El pueblo cerca Tegucigalpa: “¡El agua es nuestra” y El Pueblo en las calles de Ismael Moreno del ERIC y Carlos Amaya del entonces Partido de los Trabajadores (hoy SoB) respectivamente).

El regreso al Camino de Mayo[1]

La CNRP no surgió de la noche a la mañana. Fue producto de un proceso de experiencia de las organizaciones populares (sindicales, magisteriales, indígenas, comunitarias, sociales y políticas) sobre todo del interior del país y desde las bases, tras casi una década de heroica pero aislada resistencia a los gobiernos de turno que se sucedieron tras la caída del Muro de Berlín y la firma de los acuerdos de paz de Esquipulas.

La derrota del movimiento sindical a inicios de los 90 del siglo XX (huelgas del STENEE, SITRAPACI, SITRATERCO) y la disolución de los partidos de izquierda (Partido Comunista, Fuerzas Populares de Liberación Lorenzo Zelaya entre otros) para convertirse en partido electoral (confluencia en el Partido Unificación Democrática), consolidaron la política de conciliación de clases de las dirigencias burocráticas del movimiento popular que permitieron el avance del neoliberalismo en Honduras con su secuela de duras derrotas y la adaptación a la democracia burguesa como única alternativa de lucha política.

La Coordinadora surge como respuesta unitaria de resistencia desde las bases y del interior del país a este proceso. Entre sus antecedentes inmediatos están las luchas de Tacamiche (1994-1996) y el movimiento campesino del sector de El Progreso; la movilización indígena (1994) en el Occidente; las luchas magisteriales (2002) y en especial el “verjazo”; las luchas de los patronatos de Santa Bárbara (2002). Luchas en las cuales fueron surgiendo expresiones unitarias con diversas tradiciones y políticas: COPINH, COPA, Coordinadora de Acción Popular de El Progreso (luego Asamblea Popular Permanente), Bloque Popular (surgido desde la FUTH y la FECESITLIH), la Coordinadora de Salud, etc.

Lo novedoso de la CNRP, fue su profundo carácter democrático mediante el cual eran las regiones quienes decidían libre y democráticamente en los Conversatorios realizados periódicamente en diferentes ciudades, todos los asuntos concernientes con las demandas, las acciones y las representaciones del movimiento. En los Conversatorios valía igual la opinión y el voto del máximo dirigente de una Federación Obrera que el de un campesino, una maestra o un trabajador. Así se acordó en Tegucigalpa la “Marcha de la Dignidad” del 26 de agosto del 2003 y así se acordó en San Pedro Sula el Primer Paro Cívico del 2008.

El segundo aspecto fundamental de la CNRP era su independencia de clase. En sus filas, totalmente abiertas a la participación popular, no cabían los burgueses ni sus representantes, tampoco las ONG’s que mediante la “ayuda económica” terminan imponiendo agendas. Durante los 6 años que la CNRP fue la máxima instancia unitaria del movimiento popular hondureño, supo evitar caer bajo la conducción, manipulación o condicionamientos de diversas fuerzas que sólo buscan entorpecer el desarrollo de la conciencia de clase de los explotados. (Ver Declaración Política de la CNRP)

Sobre la base de las dos características anteriores, la CNRP supo sumar y coordinar esfuerzos unitarios de los diferentes sectores populares cuya máxima expresión fueron el pliego de demandas unitarias del Primer Encuentro Obrero Campesino Magisterial Comunitario y Popular del 2008 conocido como los “12 puntos” de la CNRP. (Demanda de 12 puntos de la CNRP al Gobierno)

De tal manera que la CNRP basaba su estrategia fundamental en la confianza en la capacidad de lucha y en las propias fuerzas de los explotados, oprimidos, marginados y excluidos sin despertar ninguna ilusión ni confianza en las políticas de conciliación de los explotadores y sus representantes (abiertos o encubiertos); y avanzaba –a partir de la propia experiencia de lucha de las regiones involucradas– en procesos de acumulación de fuerzas y conciencia de clase.

Cuando de lo social se avanza a lo político

Los logros de la CNRP se dieron en el marco de consensos comunes; pero también como producto de duros debates llevados a cabo democráticamente en los Conversatorios; de aciertos y desaciertos, de avances y retrocesos, de contradicciones y diversos puntos de vista propios de un organismo vivo amplio e incluyente que nunca tuvo como premisa el pensamiento único, la verdad absoluta, la conducción insustituible y la descalificación del adversario.

Un claro ejemplo de lo dicho anteriormente fueron los debates sobre la participación electoral de cara a los procesos del 2005 y del 2009. En el primer caso la CNRP se mantuvo al margen, sin tomar posición sobre el mismo pese a planteamientos que en su momento hicimos quienes integrábamos el Partido de los Trabajadores (antecedente del actual Socialismo o Barbarie), en el sentido de utilizar los espacios de UD para presentar candidatos de la CNRP.

Para las elecciones del 2009, la situación había cambiado. La experiencia de lucha de la CNRP contra los gobiernos de Maduro y Zelaya, la existencia de los “12 puntos”, la huelga de hambre de los fiscales (2008), hicieron madurar la idea de la lucha política en el terreno electoral.

El debate inició en el 2008 con cinco propuestas surgidas al interior de la CNRP y que finalmente –tras fuertes y acalorados debates y posicionamientos– se concretó en la Candidatura Independiente Popular de Carlos H. Reyes, Bertha Cáceres, Maribel Hernández y Carlos Amaya, con los “12 puntos” como programa unificador de cara a las elecciones del 2009.

Se concretaba así, la segunda candidatura de clase en Honduras (la primera fue la Candidatura de Manuel Cálix Herrera en las elecciones de 1932 impulsada por el Bloque Obrero Campesino)

Esta candidatura marcó una verdadera diferencia con la tradición de las candidaturas electorales burguesas y los sectores de izquierda oportunistas y electoreros. En primer lugar se propuso un objetivo político de unificar al movimiento popular en base a un programa (el mismo que era impulsado en las luchas cotidianas) y no en un mezquino cálculo de ganar curules con discursos vacíos.

En segundo lugar su política –en plena campaña de recolección de firmas y de lucha por su inscripción– no fue de adaptación ni de bajar el perfil y las banderas de lucha para lograr la inscripción sino todo lo contrario, fue la más dura denuncia de lo antidemocrática ley electoral vigente y del bipartidismo burgués.

Y finalmente, tras el golpe de estado del 28 de junio, la candidatura puso en primer lugar la lucha contra el golpe y utilizó la tribuna electoral para la denuncia del mismo a nivel nacional e internacional y para impulsar la lucha y boicotear el ilegítimo y fraudulento proceso electoral que buscó blanquear la dictadura. A diferencia de la izquierda oportunista que no se retiró de las elecciones, la CIP hizo de su retiro una expresión más de lucha en el propio terreno de la burguesía golpista.

En este sentido, la CIP tuvo la misma política que la CNRP, que desde el mismo día del golpe se puso al frente de la lucha en las calles en todas las regiones donde estaban sus organizaciones –sin ningún tipo de sectarismo– y contribuyó a la formación del FNRP, organización indiscutida en la lucha contra el golpe de estado.

Es tiempo de un balance

A más de cuatro años de la absorción-disolución de la CNRP en el FNRP-LIBRE, es necesario hacer un balance de los caminos recorridos, las políticas impulsadas y la conducción de estos dos procesos. A 10 años del surgimiento de la CNRP, sus 6 años de lucha, aparecen sin mancha alguna, aportando en el terreno de las luchas solidarias, unitarias y nacionales, en la elaboración de exigencias, propuestas y programas reivindicativos; en la articulación de planes de lucha locales, regionales y nacionales; en la unidad democrática y para la lucha de la diversidad del movimiento popular organizado; en el inicio de la construcción de una propuesta político electoral antisistema y al servicio de las luchas.

Si bien no logró derrotar a los gobiernos y sus políticas neoliberales, logró cambiar la relación de fuerza entre la burguesía y el pueblo productor a favor de este último, frenando, entorpeciendo y minimizando las medidas al mismo tiempo que contribuyó a abrir profundas grietas en la forma de dominación de la burguesía hondureña.

Lamentablemente en estos últimos cuatro años la situación ha cambiado en dirección opuesta. El régimen surgido del golpe de estado ha consolidado una nueva forma de gobernar basada en la militarización de la sociedad, la criminalización de la protesta popular, la represión permanente, el fraude, la mentira y el engaño como forma de hacer política; la entrega de la soberanía, el territorio y las riquezas producidas por el pueblo hondureño, en un proceso acelerado de privatizaciones neoliberales sin precedentes a nivel mundial.

Se ha desarticulado y fragmentado la lucha unitaria, se ha derrotado al magisterio hundiendo la educación pública en su peor crisis como antesala a su destrucción en todos los niveles. La explotación del trabajo asalariado ha dejado sin efecto conquistas históricas de la clase obrera. La desmoralización y la desconfianza prevalecen en el pueblo. Y estamos a las puertas del tercer proceso electoral fraudulento del que saldrá un nuevo gobierno condicionado a respetar y administrar el modelo dejado por el golpe de estado.

Por todo ello, este X Aniversario del 26 de agosto, bautismo de fuego de la CNRP, fecha memorable de lucha del movimiento popular y el pueblo hondureño en general debe servir como reflexión para rectificar el rumbo, las políticas y los métodos de lucha que nos permitan recuperar las fuerzas perdidas y poder enfrentar los peores ataques al pueblo hondureño en toda su historia, abandonando la conciliación de clase, la confianza en las instituciones burguesas y enterrando los métodos burocráticos que desde dentro del movimiento popular tanto daño le han hecho al pueblo hondureño.

Galería fotográfica

El Pueblo cerca Tegucigalpa

"¡El agua es nuestra!"

Honduras vivió la movilización popular más masiva, más organizada, más llena de contenidos y más coordinada a nivel nacional de los últimos cuarenta años. Esto abre un camino pleno de desafíos.

Ismael Moreno, Envío 258, Septiembre 2003

Ventiséis de agosto: fecha de quiebre en la historia de la sociedad hondureña. Veinticinco mil personas del norte, sur, oriente y occidente del país se tomaron la capital por sus cuatro esquinas demandando que no se privatice el agua y oponiéndose a la política económica del gobierno. Desde las cinco de la mañana los manifestantes se apostaron en las cuatros entradas y salidas principales de Tegucigalpa, dirigidos por la Coordinadora Nacional de Resistencia Popular, instancia que agrupa a diversas organizaciones gremiales, sociales, populares, indígenas y comunitarias de todas las regiones del país.

Aunque el proceso de lucha en contra de la privatización del agua por constituir una instancia de oposición nacional viene gestándose hace un par de años, la decisión de esta Marcha por la Dignidad y la Resistencia se tomó el 2 de agosto en una reunión de representantes de organizaciones populares de Tegucigalpa, San Pedro Sula, El Progreso y el Valle del Aguán.

El Pueblo en las calles

El pueblo en las calles

Por Carlos Amaya, El Trabajador Centroamericano 37, Septiembre 2003, Suplemento

El 26 de agosto se convertirá, sin lugar a dudas, en una fecha trascendente en la lucha de clases en Honduras. Por primera vez en la historia, la capital de la República amaneció sitiada por miles de manifestantes de todos los puntos del país. La movilización sorprendió por su magnitud, representatividad y beligerancia poniendo al desnudo la farsa del Gran Diálogo Nacional y cuestionando frontalmente al gobierno de Maduro.

El esfuerzo unitario, resultado de la larga lucha contra la Ley Marco del Agua Potable, abre inmensas posibilidades al movimiento popular en su lucha contra las políticas del gobierno entreguista de Maduro. Sin embargo, el camino recién empieza y está lleno de obstáculos a vencer.

En Defensa de la CNRP

El Trabajador Socialista 85 - Octubre 2011


En defensa de la Coordinadora Nacional de Resistencia Popular

por Carlos Amaya

Recientemente Ricardo Salgado, uno de los principales asesores de Manuel Zelaya se hizo eco de una afirmación de Gilberto Ríos, otro de los asesores de Mel, —en una polémica a propósito de las críticas del Espacio Refundacional— en el sentido que según el sub coordinador general del FNRP, Juan Barahona, habría dicho “que no era partidario de tener Estatutos en nuestro frente de masas, ya que —por lo general— en la tradición gremial estos documentos se utilizaban para marginar o incluso expulsar compañer@s, prácticas que no son convenientes en los frentes de masas.

 


[1] El Camino de Mayo es la Victoria, ensayo de Ramón Amaya Amador sobre las principales enseñanzas de la huelga obrera de 1954 en el que traza una estrategia de lucha obrera y popular de independencia de clase y democracia directa.