La burocracia va al paraísoSocialismo o Barbarie, periódico, 29/03/2012
La gira de Benedicto XVI por la isla ha sido unos de los temas relevantes de la semana. Contra lo que esperaban muchos de los bobos que abundan en la TV y la prensa escrita, el viaje no fue ocasión para una pelea con los hermanos Castro ni con la burocracia del PCC y ni siquiera de roces serios.
Por el contrario, el papa detonó las furias no en La Habana sino en Miami. Las más prominentes figuras de la gusanería, como Ileana Ros-Lehtinen, representante (diputada) del Partido Republicano, lanzaron desde el Miami Herald y la CNN rayos y centellas contra el papa por su evidente “sintonía” con el régimen. A esto se añadió su negativa a recibir, “ni por un minuto” a las Damas de Blanco u otros “disidentes” motorizados desde Miami.
Es que, en efecto, más allá de las lógicas diferencias de puntos de vista y hasta de lenguaje de la Iglesia y el aparato del PCC, impactó ante todo la aceitada relación que se expresó entre ellos. Pueden citarse mil anécdotas al respecto. Pero la más significativa (y en muchos sentidos) ha sido la manifiesta movilización del aparato del PCC, primero, en la propaganda del viaje del papa –bautizado como “el peregrino de la caridad”– y, luego, en el aporte de un sector no despreciable de la concurrencia a los actos y misas.
Esto que puede ser una sorpresa para muchos, es un hecho que viene de hace varios años. Como dicen los editores de la principal publicación católica en Cuba –la revista “Espacio Laical”– la relación entre la Iglesia y el poder, “tuvo un salto cualitativo bajo el gobierno del presidente Raúl Castro”.[1]
El nudo de este “salto cualitativo” en la relación no ha sido un “giro a la izquierda” del catolicismo (encabezado además por un conservador ultra-reaccionario como Ratzinger), sino el giro de la burocracia cubana a la restauración capitalista. Aunque esto trata de ser presentado como “renovación del socialismo”, la Iglesia no se engaña al respecto: ¡tiene siglos de experiencia contrarrevolucionaria! El VI Congreso del PCC, en abril de 2011, ratificó ese curso y profundizó así las coincidencias de fondo con el Vaticano.
Un análisis detallado de esta cuestión puede leerse en el artículo “La crisis terminal del «modelo cubano”, de Marcelo Yunes, publicado en Socialismo o Barbarie, revista, Nº 23, febrero 2011. De allí extractamos el siguiente capítulo dedicado especialmente al papel de la Iglesia en el proceso restauracionista alentado por la burocracia del PCC. (SoB)
La síntesis más acabada de la estrategia de restauración del capitalismo por una vía “pacífica”, no traumática, que excluya las inevitables convulsiones políticas y sociales de una intervención abierta de EEUU y que a la vez se apoye sobre tendencias operantes hoy en la isla, incluida la política de la burocracia, es la formulada por la Iglesia. Un dirigente católico cubano Arturo Pérez Levy, la expone en el principal artículo de la revista “Espacio Laical”[2] de La Habana. Lleva el revelador título de “La Casa Cuba; reconciliación, reforma económica y República”.
¿Cuál es el objetivo declarado? “Reconciliar” a los cubanos enfrentados, esto es, a la burocracia por un lado y a los “enemigos del comunismo”, de dentro de la isla y de fuera de ella (la “diáspora cubana”) del otro. ¿En qué consiste la “novedad”. En que excluye a la gusanería de Miami más enfeudada a la política exterior de EEUU y busca un camino a la restauración que no excluya a la burocracia castrista. Es una especie de “contrarrevolución reformista” mucho más inteligente y sutil (y por eso, con más posibilidad de éxito) que los aullidos anticastristas de Miami.
Todo el proyecto consiste en transformar a Cuba en una “república moderna”, con una economía capitalista (que el autor llama, pudorosamente, “economía mixta”), con instituciones políticas clásicas de la democracia burguesa y un (hipotético) rescate de lo que se pueda del “Estado de bienestar”. Es un criterio sagaz, porque intenta no enajenarse el favor de la mayoría del pueblo cubano, que no tiene dudas en defender conquistas como el sistema educativo y de salud.
El punto de partida es un modelo de realismo contrarrevolucionario: todos los futuros habitantes de la “Casa Cuba” (metáfora de la reconciliación) deben mostrar “tolerancia y resignación ante realidades que van más allá de nuestra voluntad y con las que podemos o no coincidir, pero debemos aceptar. (…) En Cuba ocurrió unaauténtica revolución y (…) no hay oportunidad alguna de regreso al tipo de república que Batista destruyó en 1952”. En una palabra, el proyecto de los gusanos de Miami es inviable.
Claro que acto seguido va el palo para la burocracia, porque entre esas realidades incontrovertibles está el hecho de que “cualquier proyecto de justicia social o ético necesita sustentarse económicamente para ser más que una mera utopía”. A buen entendedor, pocas palabras: el sistema económico vigente hasta hoy en Cuba no tiene “sustento económico”. Hay que volver al capitalismo. Lo interesante es que ahora la propia burocracia suscribe la afirmación.
El punto de la soberanía es innegociable para este esquema de la Iglesia. Entre otras razones, porque sabe que es también no negociable para la mayoría de los cubanos. Esto es lo que le quita todo viso de realidad al gusanerío: suponer que los cubanos van a aceptar volver a ser una semicolonia explícita de EEUU como cuando Batista. Eso no es posible ni realista. Como dice el autor, “la reconciliación nacional, para ser tal, debe ser soberana, lo que implica excluir cualquier concesión de principios a los proyectos plattistas”, en referencia a la “Enmienda Platt”, que imponía el tutelaje de Cuba por EEUU.
Por eso, a la Iglesia tampoco le interesa comprometerse con el bloqueo yanqui, una causa casi perdida incluso en EEUU.
Esa “reforma profunda”, según la Iglesia, no puede limitarse a la economía ni a cambios cosméticos. Pero todo debe llevarse adelante con “consenso”, “diálogo” y “negociación”, pues de lo que se trata a toda costa es de evitar confrontaciones que desarrollen las contradicciones y hagan salirse de madre un proceso que, bien llevado, conduce al cambio definitivo de régimen.
Esto significa no sólo que el proyecto político de los gusanos de Miami no tiene margen, sino que sus demandas económicas tampoco pueden ser atendidas… al menos en lo inmediato. Además, éste es sólo uno de los varios planos en los que hay que abocarse a la “reconciliación”, incluido, por ejemplo, el crucial tema de la emigración.
Así, la Iglesia toma distancia de las opciones “extremas” que liquidarían ese tejido de consenso. Así condena que se use “la retórica de los derechos humanos” para imponer “la compensación a los antiguos dueños afectados por nacionalizaciones después de 1959”. Este “es justo el modelo a evitar”. En su papel de “mediadora” y “facilitadora”, la Iglesia dice con claridad que una cosa es la vuelta al capitalismo y otra distinta es devolver a los capitalistas exiliados o sus descendientes los bienes expropiados por la Revolución de 1959.
El régimen políticoEl segundo eje, el de “República”, busca aquí sí sentar las diferencias con la burocracia y es bien “ortodoxo”. El esquema que debería adoptar Cuba, prudentemente, no es llamado “democracia liberal”, sino “el modelo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos”. ¿Por qué? Porque “postula un estado democrático y de bienestar, con gobierno de las mayorías y respeto por las minorías” (ídem). Como se ve, ninguna mención al desagradable capitalismo.
Este “modelo” es preferible a “el comunismo, el liberalismo clásico, el fascismo, y el fundamentalismo islámico, entre otras ideologías”, porque “ninguna expresa el consenso reconocido de toda la comunidad internacional como estándares de civilización” (ídem). nótese, otra vez, que entre los regímenes que carecen de ese ecuménico consenso figura el “liberalismo clásico”, como para contrapesar la balanza y mostrar que tampoco se defienden las versiones más brutales del capitalismo, al que, de paso, jamás se menciona por su nombre en todo el documento.
Incluso en este terreno, donde las distancias con el castrismo parecen más grandes, hay espacio para mostrar que no hay hostilidad manifiesta de la Iglesia sino una “disidencia constructiva”. Esto, por supuesto, es lo contrario al sistema clásico de “contrapesos” entre los poderes del Estado, pero era necesario deslizar alguna palabra de aliento a la burocracia. Al menos, para hacer más digerible lo que sigue. Esto es, que a fin de “aliviar las tensiones de la inevitable y próxima transferencia del poder estatal a una nueva generación”, hay que desarrollar “una nueva institucionalidad con separación, límites de edad y mandato en los cargos supremos del Estado” (ídem). El misil contra la gerontocracia vitalicia del PCC es harto evidente.
Y no teme ir a fondo con el núcleo de la “reforma política”, que no excluye un guiño a la burocracia: “Debe debatirse la posibilidad de un parlamento bicameral. En ese tipo de sistema, la Cámara Alta anclaría el sistema político contra cualquier cambio radical, mientras se liberalizan los mecanismos de elección de la Cámara Baja, permitiendo las campañas de candidatos con programas, primero a nivel de circunscripción y luego a otros niveles” (ídem).
Transición ordenada al capitalismoEl tercer nudo de la propuesta es, dicho simplemente, una transición ordenada al capitalismo que no deje a la burocracia en una situación en la pierda todo (eso es lo inaceptable riesgo del esquema de EEUU y sus gusanos), sino que, por el contrario, le abra múltiples vías para reconvertirse sin perder sus privilegios y posición dominante, como lo hizo en los otros países (supuestamente) “socialistas”.
El punto de partida de Pérez Levy al respecto es que es tan impensable que los emigrados del 59 y posteriores pongan su compensación como prioridad como imaginar que van a renunciar a ella (con lo que se abre un canal de negociación también para los gusanos “realistas”). Una forma de solución que deje temporaria y relativamente satisfechas a ambas partes es que “el actual gobierno cubano abra el país a una sustancial inversión de los cubanos en el exterior en coordinación con sus familiares y amigos en la isla”.
A decir verdad, toda la propuesta económica pivota alrededor de la cuestión de la emigración. Y no es un despropósito en absoluto. Las remesas no sólo son muy significativas económicamente (ya vimos que la burocracia cuenta con ellas para “capitalizar” a los futuros cuentapropistas), sino que el peso social del problema de las “familias divididas” es mucho mayor y más extendido de lo que comúnmente se cree. no se trata ya de las familias de los gusanos: con casi dos tercios de los cubanos recibiendo remesas (e, indirectamente, viviendo de ellas), la presión por dar alguna forma de solución al problema será creciente.
Yendo a las medidas relativas al interior de la economía cubana, una vez más el tono parece de moderación equidistante, ya que se sugiere “no adorar ni anatemizar la propiedad privada, el mercado o el sector estatal”, lo que se traduce en “crear una estructura socioeconómica sin absoluta dependencia del Estado pero con garantías de justicia social” (ídem).
Todo lo cual suena ambiguo respecto de la estructura de propiedad, pero enseguida se ponen los puntos sobre las íes en cuanto a la relación entre Estado y mercado: “La población cubana siente que el modelo económico vigente, con una fuerte animadversión ideológica al mercado, subutiliza las capacidades de desarrollo de la nación. Una población educada y saludable, en parte gracias a la Revolución, se siente privada de incentivos para mejorar su futuro. Hay fuga de cerebros, alentada desde el exterior, y desperdicio de cerebros (…) Pocas ideas han tenido un consenso tan amplio entre los sectores patrióticos cubanos como las actuales demandas a favor de una expansión de los mecanismos de mercado en la economía cubana, particularmente en la pequeña y mediana propiedad. Tal posición es totalmente coherente con las experiencias de desarrollo económico desde condiciones de subdesarrollo, particularmente en el este de Asia, y los avances de la teoría económica moderna” (ídem).
Adviértase que entre los “sectores patrióticos” que admiten un “amplio consenso” sobre el mercado, está en primer lugar la burocracia castrista, expresado en los “Lineamientos” votados en el VI Congreso del Partido Comunista Cubano.
La senda está trazada, y Pérez Levy se permite un nuevo guiño a la burocracia: “Todas las evidencias de desarrollo tardío exitoso, desde el Japón de la era Meiji hasta las actuales experiencias de algunos países de América Latina, Taiwán, Malasia, China y Vietnam demuestran que (…) la estructura de incentivos creada por la propiedad privada tiende a ser más eficiente que la administración centralizada”. Es una Lección que, a juzgar por los “Lineamientos” del VI Congreso, los Castro parecen haber asimilado. La Iglesia les dice, sutilmente, que sigan el ejemplo de China y Vietnam, donde los burócratas no sólo mantuvieron sus privilegios, sino que se reconvirtieron en millonarios.
Las ventajas para la burocracia de un enfoque que pone tanto énfasis en el control del conflicto están a la vista, aunque el esquema, naturalmente, no carece de riesgos. Ahora bien: ¿por qué la diáspora cubana de Miami debería adoptar este esquema en vez de continuar su prédica histérica contra los Castro? A primera vista, no harían más que fortalecer objetiva y temporariamente al régimen con inversiones sustanciales (que el PCC debe aceptar “con gesto pragmático y patriótico”). Ocurre que el premio mayor no es hoy, sino estratégico: los cubanos en el exterior, “si bien disienten del comunismo”, al invertir pueden hacerlo “guiados por patriotismo, interés económico o la esperanza paciente de que un día los espacios de liberalización económica se traduzcan en aperturas políticas”.
La Iglesia tiene plena confianza en que un proceso no traumático, incluso controlado por la burocracia (y entiende que es mejor que sea así hoy), que desarrolle la lógica del mercado en el marco de reformas que abren el juego político y económico a las tendencias capitalistas, va a desembocar inevitablemente en el reemplazo del régimen actual. ¿Cuál va a ser el lugar allí de la actual burocracia castrista? Esto es algo que se puede dejar para el futuro, y que quizá no sea lo decisivo. Después de todo, ¿no son ex jerarcas del PCUS (como Putin) quienes gobiernan Rusia, y jerarcas de algo que todavía se llama “Partido Comunista” quienes gobiernan China y Vietnam?
En suma, “aunque la mayoría de la diáspora cubana no respalda el proyecto político comunista, gran parte de ella sí está dispuesta a propiciar diálogos con los actores dominantes en la isla, y hasta a adoptar una actitud amigable hacia reformas que incrementen la legitimidad del actual liderazgo (es decir, los “Lineamientos” del IV Congreso del PC), esperando pacíficamente que una reforma económica, con estructuras de mercado abiertas a su participación, redefina el destino de Cuba a largo plazo” (ídem). Está a la vista que la milenaria paciencia contrarrevolucionaria de la Santa Iglesia tiene tiempos mucho menos urgentes que los de gusanos de Miami desesperados por sus propiedades confiscadas o los de burócratas del PC acorralados por una crisis terminal.
La visita papal es un operativo político de enormísima magnitud para la Iglesia y el Estado cubano.
Patria, fe y post-revolución cubana
Por Pablo Stefanoni
Página 7, 25/03/2012
Con todo esto del viaje del Papa a Cuba me acordaba del título de un extenso libro de Manuel Vázquez Montalbán: “Y Dios entró en la Habana”. El título refería –aunque su contenido iba mucho más allá– a la visita del anterior Papa, Juan Pablo II a la isla caribeña hace 14 años.
Y por estos días el enviado de Dios vuelve a entrar a la capital cubana, en medio de un lento pero irreversible proceso de transición al que los medios oficiales y el Gobierno refieren como una “actualización del socialismo”. En un momento donde el propio término socialismo se ha vuelto bastante indefinible, pensar en qué consistiría su actualización no resulta menos enigmático.
Por ejemplo, en la socialista China según un reporte citado en DPA, los 75 diputados más ricos superan la posesión total de bienes de todos los congresistas de EEUU; los dos mejor ubicados tienen más de 6.000 millones de dólares. Pero aunque se habla mucho de la vía china –y vietnamita– como modelos para una transición cubana, la isla es bastante diferente a estas naciones asiáticas. Lo que se ve por estos días es una consolidación del tránsito iniciado ya hace años, del marxismo–leninismo soviético al nacionalismo “martiano”. Y es ahí donde puede operar bien el redescubrimiento de los orígenes católicos de la nación cubana, como se puede ver en un artículo sintomáticamente titulado “Patria y Fe”, publicado en el estatal Juventud Rebelde. Y en ese caso, aunque se cita la famosa entrevista de Fidel Castro con Frei Betto (“Fidel y la religión”) no se trata de la debilitada Iglesia progresista sino de la visita del Sumo Pontífice y de la Iglesia oficial, una relación que cada vez parece más estrecha y llena de elogios.
Como escriben Arturo López–Levy y Lenier González en Foreign Policy en español (21/3/2012), “En este contexto la visita papal contribuye a la agenda del Gobierno cubano en tres niveles: consolida el diálogo institucional entre la Administración de Raúl Castro y la Iglesia Católica, creando incentivos para que esta última participe de forma ordenada en la renovación del sistema vigente; contribuye a crear un ambiente internacional favorable a los proyectos de apertura y reforma aun sin abandonar el régimen unipartidista, y refuerza la imagen de un país en transición frente a la cual se elevan los costos de la rígida posición estadounidense de aislamiento contra Cuba”.
El largo artículo antes citado (Patria y Fe), de Alina Perera, nos recuerda que no solamente de materia están hechos los seres humanos –ni la revolución– y que no es posible dejar de lado la dimensión espiritual. Y al mismo tiempo rescata la importancia simbólica de la Virgen de la Caridad del Cobre en la identidad nacional.
Otro artículo, esta vez en el también estatal Granma (no hay medios que no sean estatales en la isla) se titula “Bienvenido a Cuba Su Santidad Benedicto XVI” y comienza diciendo: “Nuestro país se sentirá honrado en acoger a Su Santidad con hospitalidad y mostrarle el patriotismo, cultura y vocación solidaria y humanista de los cubanos, en que se sustentan la historia y la unidad de la Nación”. Agrega también que “Recientemente, la ‘Virgen Peregrina’ recorrió todo el país en compañía de creyentes y no creyentes”, un dato extraño porque en cualquier país quienes van a los actos religiosos son los creyentes... a no ser que el Estado socialista los mande. Los adjetivos no parecen elegidos al azar cuando se dice que “Su Santidad conocerá a un pueblo seguro en sus convicciones, noble, instruido, ecuánime y organizado”, características sin duda necesarias para que una transición ordenada –donde la vieja élite no pierda el poder– tenga éxito. Este pueblo –y también los adjetivos están bien elegidos– “lucha por la dignidad humana, la libertad, la independencia, la solidaridad y el bien común”, cosas con las que la Iglesia no puede dejar de coincidir, al menos en el papel.
Así se va completando el mapa de la transición que no deja de desconcertar a los dinosaurios de Miami: control de las FFAA en la economía y de la política, debilitamiento del Partido y nacionalismo crecientemente poscomunista en la ideología. El problema es que el exaltado pluralismo religioso que rescata el artículo de Juventud Rebelde no tiene correlato en el pluralismo político.
La Iglesia Católica (y otras) pueden difundir sus mensajes, organizar reuniones, publicar, etc., cosa que un partido de izquierda no oficialista, por ejemplo, está vedado de hacer. Tampoco potenciales sindicatos no estatizados, para defender a los perdedores de la transición. En este marco, los llamados a “no politizar” la visita del Papa no dejan de tener su rasgo curioso, cuando la visita papal es un operativo político de enormísima magnitud para la Iglesia y el Estado cubano.
La prensa cubana ha logrado el milagro de transformar al ex jefe de la Inquisición en un cura casi progresista
Pablo Stefanoni
Página 7, 29/03/2012
En general, se analiza la transición cubana sobre aspectos económicos: cuánto se abren los mercados, cuánto crecen los cuentapropistas, el rol de las FFAA en la administración de las empresas más dinámicas, la inversión extranjera, etc.
Pero se asigna menos importancia a los cambios ideológicos: sin duda cualquier transición necesita un correlato en la visión del mundo para legitimar el proceso y construir un horizonte nacional más o menos compartido. Y es así donde la visita del Papa (y la Virgen del Cobre) parece tener un rol fundamental.
En el futuro, los historiadores podrán consultar en la hemeroteca el periódico Juventud Rebelde, y se encontrarán con la cobertura de este diario a la visita del Sumo Pontífice a la isla, y una serie de artículos a primera vista sorprendentes (al menos supongo que sorprenderán a quienes sólo leen páginas de la izquierda que nunca critica nada del Gobierno de Cuba, como mis amigos de Rebelión).
Sorprendentes porque la prensa cubana ha logrado el milagro –ya que hablamos del Papa– de transformar al ex jefe de la inquisición en un cura casi progresista... Y ya que la prensa suele manipular y mentir sobre la isla, sólo voy a usar citas de Juventud Rebelde (lo cual casi nadie hace en las notas apologéticas sobre Cuba, donde casi nunca se cita a sus medios estatales, quizás por la baja calidad de sus contenidos).
En un artículo del 28 de marzo, el periodista Luis Hernández Serrano recuerda la visita de Juan Pablo II con una tonalidad tan positiva que podría haber sido escrita en un periódico de la Acción Católica. Así, señala que Juan Pablo II “le imprimió un gran dinamismo al Vaticano, desarrolló un proyecto de nueva evangelización que lo llevó a decenas y decenas de países y encaminó el pensamiento social de la Iglesia Católica hacia los más importantes temas contemporáneos”.
Uno de esos temas contemporáneos, que “olvidó” el cronista, fue su contribución al derrumbe del socialismo real neoestalinista en Europa Oriental. Y su trabajo en pos del retroceso de la teología de la liberación y la redinamización de las campañas contra el derecho al aborto y otros derechos reproductivos. Juventud Rebelde sí recuerda que el Papa polaco abogó por la “globalización de la solidaridad”.
Con la exageración de los nuevos conversos, el Papa en el 98 no llegó a Cuba, sino “besó la tierra cubana” el 21 de enero y el ex jefe de Estado del Vaticano es mencionado como “líder espiritual”, o como el “nuevo sucesor de Pedro, que nos otorgó también el privilegio de visitarnos, bendecirnos...”. Cuando uno invita a alguien a casa hay que ser cortés, también hay que buscar aliados contra el imperialismo... pero ¿hace falta tanto?
Lo mismo ocurre con Ratzinger. Los diarios normalmente hablan de misas, así con minúsculas, pero Juventud Rebelde refiere siempre a la ceremonia como la Santa Misa (“Asiste Presidente cubano a Santa Misa del papa Benedicto XVI en la plaza de la Revolución de La Habana”) .
Y el uso de la Santa Misa se repite en el Granma y Trabajadores, otras patas del sistema informativo cubano. También se informa que el término “Plaza de la revolución” colmó los envíos de Twitter mientras Su Santidad estaba allí, y que el tipeo de #BenedictoCuba rozó los 2.500 mensajes por minuto.
Para no quedarse atrás, el sitio oficialista Cuba Debate mostraba “Espectaculares imágenes aéreas de la Plaza de la Revolución durante la Misa” (ellos olvidaron agregar Santa, pero sí refirieron al Papa como el Santo Padre). Las fotos de alta calidad son ofrecidas como “un regalo de Cuba Debate” a sus lectores.
El enviado de Clarín de Buenos Aires, Sergio Rubín, ya había reportado apenas llegar a La Habana que “en el intento por quitarle voltaje político a la visita y resaltar su significado espiritual, el Gobierno montó una sala de prensa envidiable con proyecciones de cortometrajes sobre el quehacer del Vaticano, el proceso de proclamación de santos y hasta ameniza la faena periodística con el Avemaría, aunque también se ofrecen a la venta libros sobre Fidel y el Che Guevara. Ni en las súper católicas Polonia e Irlanda, cuando fue por primera vez Juan Pablo II, se llegó a tanto”.
El propio Raúl exaltó el papel de unificadora de la nación personificado en la Virgen del Cobre, que al parecer ya ocupa un lugar simbólico en el nuevo nacionalismo poscomunista. Algo muy diferente a la vieja discusión sobre cristianismo y revolución.
El Presidente cubano recordó que: “Conmemoramos el IV Centenario del hallazgo y la presencia de la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, que lleva bordado en su manto el escudo nacional. La reciente peregrinación de la Virgen por todo el país unió a nuestro pueblo, creyentes y no creyentes, en un acontecimiento de gran significado”. La mención a “‘creyentes y no creyentes’” recorre todos los artículos y discursos referidos a la visita papal.
Raúl midió además que cada una de sus palabras encajara en la Doctrina Social de la Iglesia, como cuando dijo que rechaza los “modelos sociales e ideologías que destruyen los valores espirituales y producen exclusión y egoísmo”, o como cuando criticó a la ciencia, las finanzas y el consumismo actuales.
Quizás por todo esto, el Gobierno cubano no mostró ningún entusiasmo por conseguirle una entrevista a Hugo Chávez con el Santo Padre, un Chávez menos amigo del realpolitik que Ratzinger o Raúl.
[1] “Según la revista católica ‘Espacio Laical’ – La relación Iglesia–Estado en Cuba ha dado un salto cualitativo, por Gerardo Arreola, corresponsal en Cuba, La Jornada, 13/03/2012
[2] “Espacio Laical”, Nº 23, julio/septiembre 2010

| Relanzar la lucha por el socialismo exige un balance crítico de lo sucedido con las revoluciones del siglo XX, en especial las de posguerra, y de las posiciones de los marxistas revolucionarios. |
| Las experiencias del siglo pasado, el porqué del fracaso de las burocracias y la necesidad central de la democracia obrera para enfrentar las tareas de la planificación y la realización en el mercado. |
| Desmintiendo las idioteces posmodernas/autonomistas, la ola mundial de protestas y rebeliones hace cada vez más concreta la necesidad de partidos para el combate revolucionario. |
| El capitalismo enfrenta una crisis histórica, comparable a las grandes depresiones de los siglos XIX y XX. |
| Sin que EEUU y Japón hayan superado los problemas de fondo, el ojo del huracán pasa hoy por Europa. Esto cuestiona a la misma Unión (capitalista) Europea y reactualiza la histórica consigna de los Estados Unidos Socialistas de Europa. |